Hace unos días asistí como invitado a una boda y al ver cómo un colega realizaba su trabajo (porque eso era para él, un trabajo) pensé en lo difícil que era mantener la ilusión de los comienzos.
Recuerdo mi primera réflex comprada en Canarias con apenas 25 años y la continua búsqueda de “momentos” de mis hijas pequeñas que llenan varios albúmenes y que ahora son uno de los tesoros más valiosos de nuestra familia.
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Quizás sea porque aun conservo esa misma pasión, lo que hace que no me limite a las fotografías obligadas sino que siempre esté en medio de todo lo que ocurre en cualquier evento social en el que participo como fotógrafo.
Estoy tan presente en el corazón del acontecimiento, que a los pocos minutos la gente se olvida de mí y deja de posar. Y es entonces cuando surgen las mejores fotografías: de los novios agasajando a sus invitados, de los padrinos saludando a familiares que hace tiempo que no ven, y de niños que hacen de niños…
Fotografío, fotografío, fotografío. Yo se qué tipo de fotografía los clientes necesitan y las busco hasta conseguirlas. Nunca es bastante ni suficiente. Según el tipo de acontecimiento que sea, fácilmente puedo llegar a las 2000 fotografías. Muchas son casi idénticas porque cuando se trata de fotografías de grupo, me aseguro de tener una en la que todos estén bien, y con los ojos abiertos. En otras, el fotografiado no está favorecido y entonces esa fotografía nunca será vista por nadie. En otras, no se aporta nada nuevo a la serie que he realizado y no vale la pena conservarla, etc. etc.
Las fotografías que quedan tras esta criba son retocadas y subidas a una galería de mi web, en “trabajos a clientes” donde permanecerán al menos un par de meses con una clave de acceso si el cliente así lo quiere. Normalmente esto sucede a los pocos días del evento, porque yo conozco las ganas que los clientes tienen de verlas. Si se trata de una boda, durante el viaje de novios, ya las pueden ir viendo aunque estén a la otra parte del mundo. He descubierto lo mucho que se aprecia este servicio que les facilitó siempre. Amigos y familiares pueden contemplar lo ocurrido, aunque estén lejos, muy lejos.
A continuación elaboro un dossier con las hojas de contacto de estas fotografías (hojas con 4 x 5 miniaturas) que van perfectamente identificadas para que junto con el DVD (o los DVDs) que contienen los originales retocados en JPEG en alta resolución, mis clientes puedan encargar en cualquier laboratorio las copias que quieran, cuando quieran. Muchos fotógrafos se guardan la propiedad de estos archivos para que siempre se tenga que recurrir a ellos, pero yo siempre he creído que son propiedad de mis clientes y que pueden hacer con ellos lo que quieran.
Si los clientes desean un álbum fotográfico, de ese dossier elegirán las fotos que van a ser el contenido del mismo. Con ellas elaboraré una propuesta de álbum y lo subiré a otra galería de “trabajos a clientes” en mi web. Así mis clientes pueden partir de la propuesta que yo les hago y realizar todos los cambios que estimen oportunos hasta que el resultado final sea “su álbum”. Es entonces, y sólo entonces cuando yo lo mandaré a la imprenta. Todo esto supone más trabajo para mí pero proporciona resultados muy gratificantes.
Eso es lo que les doy a mis clientes a un precio justo. En un sentido, a veces pienso que mi trabajo tiene algo de servicio social. Por eso he puesto en marcha el “Especial crisis”, porque creo que nadie debe de carecer de los recuerdos que van dotando de historia a nuestra vida. Y esto (que no se entere nadie) lo haría hasta gratis.
Arturo Ortega, fotógrafo en Valencia